Articulaciones y músculos
Las articulaciones y los músculos constituyen nuestro capital de movilidad. Un capital que se degrada naturalmente con la edad, pero cuya preservación depende en gran medida de nuestras elecciones: actividad física regular, alimentación adaptada, gestión de las inflamaciones, aportes nutricionales suficientes. Dolores matutinos, rigidez, crujidos, tendinitis, recuperación más larga después del esfuerzo: estos signos aparecen a veces a partir de los treinta años y se acentúan con los años. Los complementos alimenticios aportan un apoyo concreto para mantener la flexibilidad y el confort.
Las estructuras que componen el aparato locomotor
Una articulación es un conjunto complejo. El cartílago, tejido sin vasos ni nervios, recubre las extremidades óseas y permite el deslizamiento sin fricción. Está compuesto principalmente de colágeno y proteoglicanos, con una baja capacidad de regeneración. La cápsula articular, reforzada por los ligamentos, mantiene el conjunto. El líquido sinovial, rico en ácido hialurónico, lubrica y nutre el cartílago que no tiene vascularización propia.
Los músculos, unidos a los huesos por los tendones, producen el movimiento. Están compuestos de fibras musculares capaces de contraerse, con una vascularización importante que permite su recuperación después del esfuerzo. Los tendones, menos vascularizados, cicatrizan más lentamente después de una lesión. Esta diferencia explica por qué una tendinitis requiere varias semanas para curarse, mientras que una simple aguja muscular desaparece en dos días.
Lo que debilita las articulaciones con el tiempo
Varios factores aceleran el desgaste articular y muscular:
- el envejecimiento: la síntesis de colágeno disminuye un 1% por año después de los 25 años
- el sobrepeso: cada kilo adicional añade 4 kg de presión sobre las rodillas al caminar
- el sedentarismo: las articulaciones necesitan moverse para nutrirse
- por el contrario, una actividad física demasiado intensa o mal realizada daña el cartílago
- los microtraumatismos repetidos (deportes de impacto, gestos profesionales)
- la inflamación crónica, mantenida por la alimentación, el estrés y la disbiosis intestinal
- las deficiencias de colágeno, vitamina D, magnesio y omega-3
- los desequilibrios hormonales, particularmente en la menopausia
Las mujeres se ven más afectadas que los hombres por la artrosis y las tendinopatías, en parte debido a las variaciones hormonales (la menopausia acelera la pérdida de densidad cartilaginosa) y a la menor masa muscular que protege menos las articulaciones.
Las grandes familias de activos para las articulaciones
Varias categorías de activos intervienen en la salud articular. Los nutrientes estructurales aportan los ladrillos básicos para la reconstrucción del cartílago: colágeno, glucosamina, condroitina, ácido hialurónico. Su eficacia depende de la calidad y la dosis, con un efecto que se construye en un mínimo de 2 a 3 meses.
Los antiinflamatorios naturales alivian los brotes dolorosos: cúrcuma asociada a la piperina, jengibre, boswellia, harpagofito. Los omega-3 aportan un efecto antiinflamatorio de fondo útil en las artritis y tendinitis crónicas. El metilsulfonilmetano (MSM) apoya la flexibilidad tisular y participa en la producción de colágeno.
Los minerales como el calcio, el magnesio y el silicio intervienen en la mineralización ósea y la salud del tejido conectivo. La vitamina D es indispensable para la absorción del calcio y la salud muscular. Las vitaminas del grupo B apoyan el metabolismo energético del músculo.
Adaptar el enfoque al cuadro clínico
Cada situación requiere un enfoque adaptado. Para la articulación de la rodilla o las articulaciones en general, el colágeno asociado a la glucosamina y la condroitina forma una base clásica. Para las tendinitis o el fortalecimiento de los tendones, los omega-3 y el MSM se añaden útilmente. Para los músculos y tendones solicitados en la práctica deportiva, las proteínas de calidad y la vitamina D se vuelven prioritarias.
Para los huesos y el cartílago, la prevención de la osteoporosis y el apoyo en caso de fractura ósea, una combinación de calcio, vitamina D, vitamina K2 y proteínas sigue siendo la base. La actividad física con carga (caminar, levantamiento de pesas ligero) estimula la producción ósea, indispensable para la solidez a largo plazo. Las personas que toman antiinflamatorios de forma preventiva pueden contar con la asociación cúrcuma-jengibre-omega-3.















